
Y quizás esta sea una de las decisiones más importantes que una institución educativa está tomando hoy… sin darse cuenta.
Muchas instituciones todavía sienten que no es el momento de definir una posición frente a la inteligencia artificial. Que primero hay que entenderla mejor. Que hay que esperar. Que todavía es demasiado pronto.
Pero mientras esperamos, la IA ya entró al aula:
- Está en los trabajos de los estudiantes.- En la planificación de los docentes.- En la producción de materiales.- En las evaluaciones.- En las consultas.- En las conversaciones cotidianas.
Negarlo es un poco como tapar el sol con una mano.
Y mientras la institución no define una posición, cada docente empieza a resolver por su cuenta.
Uno prohíbe. Otro permite. Otro exige su utilización. Otro prefiere no hablar del tema.
Y entonces sucede algo que, desde mi mirada, es mucho más grave: dos estudiantes de la misma institución pueden estar siendo evaluados bajo reglas completamente diferentes frente a una misma tecnología. Uno utiliza IA y aprueba. Otro utiliza IA y desaprueba.
No porque la herramienta sea diferente. Sino porque la institución nunca estableció un marco común.
Y acá hay algo que creo que debemos discutir:
❌ La solución no es prohibir la IA.❌ Tampoco es dejar que cada uno haga lo que quiera.
La verdadera transformación comienza cuando una institución se anima a tomar una posición. Una posición pedagógica. Una posición ética. Una posición institucional.
Y esa posición tiene que estar escrita, comunicada y disponible. Porque una política de IA no debería ser un documento que duerme en un cajón.
Tiene que ayudar a responder preguntas concretas:
👉 ¿Para qué podemos utilizar IA?👉 ¿Qué usos son apropiados y cuáles no?👉 ¿Cómo declaramos su utilización?👉 ¿Cómo evaluamos cuando sabemos que existe IA?👉 ¿Qué competencias queremos desarrollar en nuestros estudiantes?👉 ¿Qué necesitan aprender nuestros docentes?
Y hay algo más que considero fundamental: Primero la posición. Después la herramienta.
Muchas veces hacemos exactamente al revés. Primero aparecen las herramientas, los asistentes, los chatbots, las plataformas… Y después intentamos descubrir para qué utilizarlos.
El trabajo institucional debería comenzar mucho antes. Primero definimos qué educación queremos construir con IA. Después pensamos qué herramientas pueden ayudarnos a hacerlo.
Porque la tecnología cambia. Hoy hablamos de una herramienta y mañana probablemente estemos hablando de otra. Pero una decisión pedagógica institucional debería poder trascender la herramienta de turno.
Por eso, una política de IA no tiene que pretender tener todas las respuestas.
Pero hay que empezar.
Porque mientras una institución espera para decidir… alguien ya está decidiendo por ella.
Y entonces la pregunta ya no es: ¿Cuándo vamos a definir nuestra política de IA?
La pregunta es: ¿Quién la está definiendo mientras tanto?
